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La chica (después de todos estos años ya no recuerdo su nombre y en realidad no tiene, ni tuvo nunca, la menor importancia) volvió casi enseguida y le preguntó qué quería. Iskenderum llevaba preparado un largo discurso en el que le juraba su amor eterno sin barreras ni medidas y en el que había estado trabajando paciente y laboriosamente durante una semana; sin embargo, en el momento mismo en que ella me preguntó qué quería olvidé por completo el discurso y sólo pude articular:
—Te quiero. Jodamos y casémonos.
Tierra de Nadie: Jormungand, de Rodolfo Martínez
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  1. eliukblau ha publicado esto
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