Los autores descubrieron que los niños con autismo no seguían el juego y que en vez de ello se distraían con otros ruidos asociados que eran ignorados por los niños control. Esto sugiere que son muy sensibles a los indicios físicos no sociales y podría explicar por qué los niños con autismo no consiguen mirar a los ojos de las personas y se centran más en el área de la boca.
(Fuente: hoysalud.es)